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Resignation

October 3, 2017

To the Members of the First Unitarian Church of Los Angeles,

On Sunday, October 1, I gave notice to our Board of Trustees that I will resign my position as your minister effective December 31, 2017. My last day preaching to you will be our Christmas Eve service, December 24.

A year ago it became obvious to me that it was no longer possible for this church to remain in our current building and support a meaningful, vital, and healthy church community. Our building is too large for us, too expensive to maintain, and doesn’t earn enough income. After years of deficit budgets as we struggled to raise the money we needed through tenants and party rentals, we had reached a dead end.

The way forward, I saw a year ago, was to leave the building. To thank the building for 90 years of service, and to honor the prior church members who had given us this great gift, but to admit that our fruitful time in this location was over. We needed to take a bold next step. I thought we were ready. I proposed we sell the building, convert the asset to an endowment, and use the interest on the endowment to support a meaningful, vital, and healthy church community in a new location.

Unfortunately, after a year of conversation, a listening campaign, numerous presentations to the congregation, sermons from the pulpit, columns in the newsletter, passionate talks around the Board table, and quiet talks in my office, and after two rounds of congregational voting, the church has chosen a different vision.

That is your right. This is your church. And by your vote your decision is clear. Your vision is to stay in this building, raise money from rental income as best you can, and balance the budget by cutting expenses. I wish you well, but that is not a vision I can serve.

When I began in the ministry, 20 years ago, I responded to a call to serve the Unitarian Universalist faith. I sought to serve liberal religious spiritual communities eager for programs I could help create of worship, education, fellowship, mutual care and justice-making. I wanted to help people deepen their relationships with the heart of existence, and, feeling empowered by that connection, work together to create the world of peace, love, and justice we seek.

When I began my ministry at this church, I took a quarter-time job with a congregation of 42 members, a building in miserable physical shape, rooms filled with trash and broken furniture, and a history of deficit budgets going back years. And yet I fell in love with this church. I fell in love with the remarkable history of this church. And I fell in love with the members of the church. Together, I felt, we could imagine and bring to reality a future for this church as remarkable as our past.

I’m proud of what we’ve accomplished together over the last nine years. I will always be proud of my role in building the Caroline Severance Manor and thinking of the people who have safe, comfortable and affordable homes there. I am proud of my role in creating the childcare center and the neighborhood families served by the pre-school. I’m proud to have served as the Executive Director of Urban Partners Los Angeles, and having for the first time in its 20 year history created an income stream for its programs.

Our building is in better shape than it has been for decades: a new roof, upgraded electrical systems including solar power, plumbing repairs, replaced the sewage ejector, remodeled bathrooms including re-activating 4 bathrooms that had been closed, repaired broken concrete that had become a safety hazard in Fritchman Auditorium, replaced rotted window frames, and other numerous building projects, small and large, including, most recently, a thriving re-landscaping of the front of the church and a beautiful renovation of our courtyard.

More importantly, I am proud of the ministry we have accomplished. The membership doubled. We recently inaugurated a children’s program. We renewed a focus in worship on Unitarian Universalist faith and spiritual growth and learning. We created great music together with our choir and musicians. We celebrated weddings and mourned together the deaths of friends. We assisted the development of several student ministers. We gave our name to a lawsuit against the federal government claiming the unconstitutionality of the NSA surveillance program. Our work was recognized as a breakthrough congregation by the UUA. And week after week, numerous people came through our doors, some to stay, some to continue on, but many, many of them, receiving what they needed: a meal, a handshake, a good word, an hour of peace.

I thank the many good people of this congregation who gave their care, their prayers, their leadership, their time, their money. It has been a good setting for a minister. I am happy to have spent these nine years of my career with you.

I will speak more about my resignation and my hopes for the future of this congregation during the worship service on October 8. After the worship service, we will be joined by the Rev. Dr. Jonipher Kwong of the UUA Congregational Life Staff. Rev. Kwong will lead a conversation about various possibilities for future ministry and guide you through whatever next steps you choose.

Blessings,

Rev. Rick Hoyt-McDaniels, Minister
First Unitarian Church of Los Angeles

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Resignación

October 3, 2017

Queridos miembros de la Primera Iglesia Unitaria de Los Ángeles,

El domingo 1 de octubre, di aviso a nuestra Junta Directiva que renunciaré a mi cargo de ministro a partir del 31 de diciembre de 2017. Mi último día de predicación será el servicio de Nochebuena, el 24 de diciembre.

Hace un año me resultó obvio que ya no era posible que esta iglesia permaneciera en nuestro edificio actual y apoyara una comunidad de iglesia significativa, vital y saludable. Nuestro edificio es demasiado grande para nosotros, demasiado caro para mantener, y no genera suficientes ingresos. Después de años de déficit presupuestario mientras luchábamos por recaudar el dinero que necesitábamos a través de inquilinos y alquiler de fiestas, habíamos llegado a un callejón sin salida.

El camino hacia adelante, que vi hace un año, era abandonar el edificio. Agradecer al edificio por 90 años de servicio y honrar a los miembros anteriores de la iglesia que nos habían dado este gran regalo, pero admitir que nuestro tiempo fructífero en este lugar había terminado. Teníamos que dar un paso adelante audaz. Pensé que estábamos listos. Propuse vender el edificio, convertir el activo en dotación y usar el interés de la dotación para apoyar una comunidad de iglesia significativa, vital y saludable en un nuevo lugar.

Desafortunadamente, después de un año de conversación, una campaña de escuchar, numerosas presentaciones a la congregación, sermones desde el púlpito, columnas en el boletín, conversaciones apasionadas alrededor de la mesa de la Junta Directiva, charlas tranquilas en mi oficina y después de dos rondas de votación congregacional, la iglesia ha escogido una visión diferente

Ese es su derecho. Esta es su iglesia. Y por su voto su decisión es clara. Su visión es permanecer en este edificio, recaudar dinero de los ingresos de alquiler lo mejor que pueda, y equilibrar el presupuesto mediante la reducción de gastos. Le deseo lo mejor, pero no es una visión a la que pueda servir.

Cuando empecé en el ministerio, hace 20 años, respondí a un llamado para servir a la fe unitaria universalista. Busqué servir a las comunidades espirituales religiosas liberales deseosas de programas que yo pudiera ayudar a crear el culto, la educación, el compañerismo, el cuidado mutuo y la toma de decisiones. Quería ayudar a las personas a profundizar sus relaciones con el corazón de la existencia, y, al sentirse fortalecidos por esa conexión, trabajar juntos para crear el mundo de la paz, el amor y la justicia que buscamos.

Cuando empecé mi ministerio en esta iglesia, tomé un trabajo de cuarto de tiempo con una congregación de 42 miembros, un edificio en forma física miserable, habitaciones llenas de basura y muebles rotos, y una historia de déficit presupuestarios que se remonta a años atrás. Y sin embargo me enamoré de esta iglesia. Me enamoré de la notable historia de esta iglesia. Y me enamoré de los miembros de la iglesia. Juntos, sentí que podíamos imaginar y traer a la realidad un futuro para esta iglesia tan notable como nuestro pasado.

Estoy orgulloso de lo que hemos logrado juntos durante los últimos nueve años. Siempre estaré orgulloso de mi papel en la construcción del Caroline Severance Manor y pensando en las personas que tienen viviendas seguras, cómodas y asequibles allí. Estoy orgulloso de mi papel en la creación de la guardería y las familias del vecindario a las que sirve la preescolar. Estoy orgulloso de haber servido como Director Ejecutivo de Urban Partners Los Angeles, y por primera vez en sus 20 años de historia haber creado un flujo de ingresos para sus programas.

Nuestro edificio está en mejor forma de lo que ha sido durante décadas: un nuevo techo, sistemas eléctrico actualizado incluyendo energía solar, reparaciones de plomería, reemplazó del eyector de aguas residuales, remodelación de baños incluyendo reactivando 4 baños que estaban cerrados, reparación de concreto roto que se había convirtió en un peligro para la seguridad en el Auditorio Fritchman, reemplazó de los marcos de las ventanas podridas y otros numerosos proyectos de construcción, pequeños y grandes, incluyendo, más recientemente, un próspero re-paisajismo del frente de la iglesia y una hermosa renovación de nuestro patio.

Más importante aún, estoy orgulloso del ministerio que hemos logrado. Los miembros se duplicaron. Recientemente inauguramos un programa para niños. Renovamos un enfoque en la adoración sobre la fe Unitaria Universalista y el crecimiento espiritual y el aprendizaje. Hemos creado gran música junto con nuestro coro y músicos. Celebramos bodas y lloramos juntos la muerte de amigos. Asistimos al desarrollo de varios ministros estudiantiles. Dimos nuestro nombre a una demanda contra el gobierno federal reclamando la inconstitucionalidad del programa de vigilancia de la NSA. Nuestro trabajo fue reconocido como una gran congregación por la UUA. Y semana tras semana, numerosas personas pasaban por nuestras puertas, otras para quedarse, otras para continuar, pero muchas, muchas de ellas, recibían lo que necesitaban: una comida, un apretón de manos, una buena palabra, una hora de paz.

Doy las gracias a la buena gente de esta congregación que dieron su cuidado, sus oraciones, su liderazgo, su tiempo, su dinero. Ha sido un buen escenario para un ministro. Estoy feliz de haber pasado estos nueve años de mi carrera con ustedes.

Hablaré más sobre mi renuncia y mis esperanzas para el futuro de esta congregación durante el culto de adoración el 8 de octubre. Después del servicio de adoración, nos acompañará el Rev. Dr. Jonipher Kwong del Personal de Vida Congregacional de la UUA. El Rev. Kwong dirigirá una conversación sobre varias posibilidades para el ministerio futuro y los guiará a través de cualesquier paso siguiente que ustedes elijan.

Bendiciones,

Rev. Rick Hoyt-McDaniels, Minister
First Unitarian Church of Los Angeles

Lo primero, octubre 2017

October 1, 2017

Me entristece el resultado de nuestra reunión congregacional. Estoy triste por el resultado de la votación, lo que impide que la congregación organice un Comité de Propiedad y así quita la mejor esperanza que tenemos para el futuro de nuestra iglesia. Aún más, estoy triste por la reunión en sí y lo que reveló acerca de nuestra comunidad espiritual.

En nuestro Servicio de Recolección, el 10 de septiembre, terminé mi sermón diciendo: “Donde estaremos es una cuestión mucho menos importante que quién seremos”.

Hemos permitido que la cuestión de dónde nuestra iglesia debe ubicarse amenace todo lo que es valioso sobre la iglesia misma. Nos dejamos creer sospechosos el uno del otro. Nos absolvíamos o excluíamos a otros de conversaciones en las que pudiéramos haber oído opiniones diferentes. Mostramos falta de respeto. Nos ofendimos. Cerramos nuestras mentes. Cerramos nuestros corazones. En lugar de esforzarnos por recordar nuestro pacto congregacional, tomamos partido.

Las iglesias ofrecen programas de adoración, educación, compañerismo, cuidado y toma de justicia; para expresar y afirmar un terreno más profundo de la comunidad amada que se extiende desde el pasado, hasta el presente, hacia el futuro. No hay dos lados de esa definición. Así que la pregunta es: “¿Queremos ser una iglesia, o no?”

Espero que la respuesta sea sí. Espero que los miembros de la iglesia que hablaron en contra y votaron en contra incluso comenzando una exploración de la posibilidad de vender el edificio, ahora demostrarán ser los líderes que necesitamos, quienes pueden proyectar una visión inspiradora y crear un plan para que podamos ser más que un edificio pero también ser una iglesia.

First Things, October 2017

October 1, 2017

I am saddened at the outcome of our congregational meeting. I am sad about the result of the vote, which prevents the congregation from organizing a Property Committee and thus takes away the best hope we have for our church’s future. Even more, I am sad about the meeting itself and what it revealed about our spiritual community.

In our Ingathering Service, September 10, I ended my sermon by saying: “Where we will be is a much less important question than who we will be.”

We have allowed the question of where our church should be located to threaten all that is valuable about the church itself. We let ourselves grow suspicious of each other. We absented ourselves or excluded others from conversations where we might have heard differing opinions. We showed disrespect. We gave offense. We closed our minds. We closed our hearts. Instead of striving to remember our congregational covenant, we took sides.

Churches provide programs of worship, education, fellowship, care, and justice-making; in order to express and affirm a deeper ground of beloved community extending from the past, through the present, into the future. There are not two sides to that definition. So the question becomes, “Do we want to be a church, or not?”

I hope the answer is yes. I hope that the church members who spoke against and voted against even beginning an exploration of the possibility of selling the building, will now prove to be the leaders we need who can cast an inspiring vision and create a plan for how we can be more than a building but also be a church.

First Things, September 2017

August 23, 2017

I encourage all First Church members to attend an important congregational meeting on September 24. At this meeting we will take up a question that was held over from our June congregational meeting. The question is whether to authorize the Board to form a committee to work with a realtor to list our building for sale.

A “yes” vote at this time is not a vote to sell our building. A ‘yes” vote now would merely start a process that would likely unfold over the next year or so. If we eventually receive an offer on our building the congregation would vote again to accept or reject the offer.

Setting up this new “Property” committee, helps to keep our options open as we explore together the best way forward for our church. The Stay in Place committee is currently looking at options to remain in our current building. The Seek and Find committee is currently looking at what kinds of spaces and locations in the city best meet our needs.

All three committees work together with the same goal: create a plan that will generate sufficient sustainable income to support our mission now and into the future.

Creating a plan, choosing our best option, and making it successful requires the cooperation and good will of our entire spiritual community. We need you with us.

(This meeting was rescheduled. The Board moved the meeting date to September 24 to avoid a conflict with a rally and parade that will close numerous streets in the MacArthur park area on September 17. Our congregational meeting will be on September 24 immediately following worship.)

lo primero, agosto 2017

August 8, 2017

Después de nuestro descanso de julio, ahora miramos hacia el trabajo del nuevo año de la iglesia que comienza el 10 de septiembre. En la adoración exploraremos prácticas espirituales y metas. Para la institución de la iglesia, continuaremos trabajando hacia un futuro con ingresos suficientes y sostenibles para financiar todo lo que amamos de nuestra iglesia.

El camino a seguir, en mi opinión, es convertir el activo físico de nuestra propiedad en una dotación. Podríamos entonces usar el interés sustancial que recibiríamos de la dotación para financiar nuestra iglesia en un lugar que elegiríamos juntos.

Tristemente, este plan resultaría en la pérdida de nuestro edificio actual. Si tomamos esta decisión, nuestra congregación necesitará cuidados delicados mientras lloramos juntos nuestra pérdida sustancial. Pero este plan nos permitiría finalmente poner a nuestra iglesia en una base financiera sostenible después de décadas de déficit. Nuestra comunidad, nuestros programas, nuestra misión, podría prosperar sin la carga de nuestras preocupaciones de dinero. Metido con la angustia por esta gran decisión sería, para mí, una sensación de alivio.

A medida que nos acercamos a la reunión congregacional del 17 de septiembre, en la que espero, votaremos para autorizar al Comité de Propiedad y comenzar a explorar este plan más a fondo, les animo a aprovechar numerosas oportunidades para discutir ideas, compartir sentimientos y Practicar las artes espirituales de la gracia, la generosidad y la confianza. Busque en este boletín los anuncios para participar en una reunión abierta; un Círculo del Cáliz y un Altar de la Comunidad. Los comités Stay in Place y Seek and Find aceptan sus opiniones. Y siempre estoy ansioso por escuchar cualquier pensamiento o sentimiento que quieras compartir conmigo.

First Things, August 2017

July 27, 2017

After our July rest, we now look toward the work of the new church year, beginning on September 10. In worship we will explore spiritual practices and goals. For the church institution, we will continue to work toward a future with sufficient sustainable income to fund all that we love about our church.

The way forward, in my opinion, is to convert the physical asset of our property into an endowment. We could then use the substantial interest we would receive from the endowment to fund our church in a location we would choose together.

Sadly, this plan would result in the loss of our current building. If we make this decision, our congregation will need sensitive care as we mourn together our substantial loss. But this plan would allow us to finally put our church on sustainable financial footing after decades of deficits. Our community, our programs, our mission, could thrive without the burden of our money worries. Mingled with the heartbreak over this big decision would be, for me, a welcome sense of relief.

As we approach the September 17 congregational meeting, where, I hope, we will vote to authorize the Property Committee and begin to explore this plan more thoroughly, I encourage you to take advantage of numerous opportunities to discuss ideas, to share feelings, and to practice the spiritual arts of grace, generosity, and trust.

Look in this newsletter for announcements of an open meeting, a Chalice Circle and a Community Altar. The Stay in Place and Seek and Find committees welcome your input. And I am always eager to hear any thoughts or feelings you’d like to share with me.